Intimidad, intimidades

(COLES DE BRUSELAS 52) En la España en la que crecí, los pisos (porque todos vivíamos en pisos) no se clasificaban en metros cuadrados sino en número de habitaciones, siendo estas la mitad exacta del número de miembros familiares; se daba por hecho que los hermanos compartían cuarto incluso de tres en tres si eraSigue leyendo «Intimidad, intimidades»

Las cosas del mal querer

(COLES DE BRUSELAS 39) Cuando escribo estas líneas, casi una semana antes de que se publiquen, en Italia ha habido unas elecciones que ha ganado una nueva extrema derecha sin complejos, los jóvenes rusos huyen del país hasta en bicicleta (literalmente) con tal de no ser movilizados, las mujeres iraníes se enfrentan de forma valienteSigue leyendo «Las cosas del mal querer»

No solo es el calor, estúpidos.

(COLES DE BRUSELAS 35)    Este es un verano de fuego. Del que arde en el monte (que maldito sea) y del que nos muestra el termómetro, que anda desbocado hacia arriba como si la caldera de Pedro Botero se colocara en cada cruce de calles. Los expertos distinguen entre ola y simplemente calor ySigue leyendo «No solo es el calor, estúpidos.»

Cuando un bosque se quema

(COLES DE BRUSELAS 34) En los años de la España en blanco y negro, un simpático conejito guardabosques de nombre Fidel, anunciaba en la televisión los peligros que acechaban al bosque y demás dehesas con una frase sencilla y clara (los genios de la publicidad se extinguieron en los ochenta, definitivamente): “cuando un bosque seSigue leyendo «Cuando un bosque se quema»

De todos los sitios, de todos los colores

(COLES DE BRUSELAS 28)  Ya lo dije en una columna el 21 de febrero, sospecho que soy española, sobre todo porque así lo dice mi pasaporte. Pero vivo en una casa donde en un momento dado, éramos cuatro miembros de familia y teníamos ocho pasaportes entre todos. Me he casado con un señor que esSigue leyendo «De todos los sitios, de todos los colores»