No solo es el calor, estúpidos.

(COLES DE BRUSELAS 35)    Este es un verano de fuego. Del que arde en el monte (que maldito sea) y del que nos muestra el termómetro, que anda desbocado hacia arriba como si la caldera de Pedro Botero se colocara en cada cruce de calles. Los expertos distinguen entre ola y simplemente calor ySigue leyendo «No solo es el calor, estúpidos.»

Cuando un bosque se quema

(COLES DE BRUSELAS 34) En los años de la España en blanco y negro, un simpático conejito guardabosques de nombre Fidel, anunciaba en la televisión los peligros que acechaban al bosque y demás dehesas con una frase sencilla y clara (los genios de la publicidad se extinguieron en los ochenta, definitivamente): “cuando un bosque seSigue leyendo «Cuando un bosque se quema»

De todos los sitios, de todos los colores

(COLES DE BRUSELAS 28)  Ya lo dije en una columna el 21 de febrero, sospecho que soy española, sobre todo porque así lo dice mi pasaporte. Pero vivo en una casa donde en un momento dado, éramos cuatro miembros de familia y teníamos ocho pasaportes entre todos. Me he casado con un señor que esSigue leyendo «De todos los sitios, de todos los colores»

Familia: sí hay más de una

(COLES DE BRUSELAS 22) En 1996, Fernando León de Aranoa debutó en el cine con “Familia” donde Juan Luis Galiardo encarnaba a un hombre que el día de su cincuenta y cinco cumpleaños, harto de verse solo, contrata a un grupo de actores para que finjan ser su familia durante un fin de semana; eraSigue leyendo «Familia: sí hay más de una»

Viejas historias de ciudades viejas

(COLES DE BRUSELAS, 18)  Yo crecí en una ciudad de provincias sin saber qué era exactamente ser «de provincias»; para mis ojos infantiles, la única diferencia evidente era entre el campo y la ciudad. Mi universo, que en aquel entonces me parecía grande, estaba poblado de fines de semana entre encinas, de bellotas recogidas alSigue leyendo «Viejas historias de ciudades viejas»