Coles de Bruseslas

ABRAN EL BOLSO POR FAVOR

No falla, cada vez que digo que llevo veintiséis años viviendo en Bruselas, la pregunta inmediata es si trabajo para “Europa”. Desde hace tiempo respondo con la misma larga frase: sí, soy funcionaria en las instituciones europeas y trabajo por el bienestar de 448 millones de ciudadanos, de los cuales 47 son españoles. No estoy a sueldo del gobierno español y sí, soy residente fiscal en España, donde pago religiosamente mis impuestos. Otros 32.000 funcionarios se levantan cada mañana en Bruselas como yo, sin más ambición que la de hacer bien nuestro trabajo, que consiste en mejorar la vida de los ciudadanos gracias a unas leyes que se aplican tanto en Murcia como en Lituania. 

    Parece una respuesta larga e incluso consabida, pero resulta que, de vez en cuando, ciertos periodistas (en este mismo periódico y en otros muchos) nos utilizan como chivos expiatorios de todos los males pasados y presentes, y aprovechan para cargar las tintas sobre nuestros sueldos y ciertos privilegios inexistentes sabiendo que, en este momento de especiales apreturas, la población es más receptiva al bulo y menos proclive a comprobar falsedades. Yo desearía poder pasear tranquila por las calles de mi ciudad, si algún día consigo volver a ella, sin que me acusen de ser la culpable de la falta de vacunas o de los ataques del lobo a las ovejas, problemas ambos que sobrepasan ampliamente mis conocimientos; pero sí puedo hablar de lo que sé y para ello, nada mejor que pedirles a ustedes que vacíen su bolso, e incluso el contenido de sus bolsillos. Veamos lo que sale de ellos. 

   Un teléfono móvil, seguro. Si viajan ustedes con él, la compañía telefónica no les desplumará porque desde Europa (sí, sí, la pérfida y malvada) se ha elaborado una ley que les prohíbe aplicar tarifas exageradas por llamar desde otro país. ¿El DNI? No necesitan nada más para viajar a veintiséis países, aparte de un avión que les lleve y que se acabe la pandemia para que los aviones vuelen, claro; y no olviden su tarjeta sanitaria, porque gracias a ella y a que en Europa nos empeñamos en que existiera, si les da un ataque de apendicitis en Varsovia, les atenderán como en el hospital clínico y con el mismo coste cero para sus bolsillos. ¿Una barra de labios? ¿Crema de manos? Respiren tranquilos los defensores de los animales, las pruebas de laboratorio no se hicieron sobre ellos porque en Europa está prohibido. ¿Fabrican ustedes algún producto exportable? Tienen a sus pies un mercado de cuatrocientos millones de consumidores con facilidades aduaneras infinitas, y recibirán su pago en euros, con los que se pueden pagar un café en la Plaza Mayor y comparar su precio con el café que se tomaron en otras plazas mayores. Si son ustedes agricultores, habrán recibido durante muchos años generosas subvenciones que Europa otorgaba sin fijarse mucho en qué y cómo se gastaban esos dineros; convendrán ustedes conmigo en que esos fondos, que salen de los bolsillos de todos, hay que controlarlos un poco más de lo que se hacía antes, ¿no? 

    Si tienen ustedes hijos estudiantes, quizás alguno de ellos sea uno de esos cinco millones de alumnos que han disfrutado (¡y cómo!) de una beca Erasmus desde hace 33 años; muchos de ellos no hubieran tenido otra manera de salir a estudiar fuera de su país y con un poco de suerte habrán aprendido algún idioma, que tampoco está de más. También, si ellos quieren, pueden presentarse el día de mañana a una oposición para trabajar en Bruselas, como hice yo en su día; no hay que ser hijo de embajador ni tampoco tener carnet de ningún partido; el único inconveniente, ya es mala pata, es que hay que estudiar mucho y hablar idiomas; los de provincias estamos tan admitidos como los demás. 

   Las 770 palabras que debe contener esta columna no me dan para desgranar otros muchos ejemplos de cómo la denostada Europa y sus pérfidos funcionarios se ocupan de que la gente tenga una vida mejor. Cuando les hablan los políticos, entiendo que tengan pocas ganas de creerlos; pero yo no soy política y soy paisana de ustedes, nací en la clínica del Doctor Ferreira (a quien felicito pues creo que cumplió hace poco unos cuantos años) y crecí en La Alamedilla y en el campo charro. ¿De verdad que no me creen si les digo que en mis preocupaciones cotidianas está la de mejorar la existencia de 448 millones de europeos, 47 millones de españoles y, sobre todo, 300.000 salmantinos que cuenta la provincia?  Reciban un cordial saludo y los mejores deseos de la salmantina en Bruselas. Y cuando duden, abran el bolso, por favor, miren lo que hay dentro y recuerden lo que les acabo de contar. 


Un comentario en “Coles de Bruseslas

  1. Gracias Concha! Añadiría que, también desde Europa, velan por nuestras leyes y por nuestros derechos, que tampoco está nada mal, a mí, al menos, me da bastante tranquilidad.

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